Hoy, en el transporte
público tuve el disgusto de coincidir con una señora, digo disgusto, ya que la
señora se quejaba por todo y culpaba a los demás de lo que ocurría. Era muy
molesta, durante el trayecto mantuvo esa actitud soberbia.
La situación comenzó a enfadarme, hasta que por fin alguien reviró una de sus tantas quejas; resulta que el autobús se descompuso, esta, indignada gritó “¡Dos horas esperando para esto, que inconsciente el chofer!” como si el conductor fuese el culpable de que la unidad fallara. El hombre no dudó en responderle “Señora, yo esperaré siete horas a que venga el mecánico a reparar el camión y no estoy quejándome por eso”.
Como usuaria del transporte público de la ciudad, sé que el servicio es deficiente en muchos aspectos. Sin embargo, no es la problemática central de este post, ni tampoco lo es la actitud de la señora. No obstante me puso a reflexionar… se quejaba del clima, de que llegaría tarde, del gobierno, del chofer, de la unidad y de todo a su alrededor.
La situación comenzó a enfadarme, hasta que por fin alguien reviró una de sus tantas quejas; resulta que el autobús se descompuso, esta, indignada gritó “¡Dos horas esperando para esto, que inconsciente el chofer!” como si el conductor fuese el culpable de que la unidad fallara. El hombre no dudó en responderle “Señora, yo esperaré siete horas a que venga el mecánico a reparar el camión y no estoy quejándome por eso”.
Como usuaria del transporte público de la ciudad, sé que el servicio es deficiente en muchos aspectos. Sin embargo, no es la problemática central de este post, ni tampoco lo es la actitud de la señora. No obstante me puso a reflexionar… se quejaba del clima, de que llegaría tarde, del gobierno, del chofer, de la unidad y de todo a su alrededor.
Es un hecho que la
vida ni es justa, ni es equitativa. Tratamos de ser positivos y nos
mentalizamos para creer que si lo es, pero la realidad es que la vida está
llena de sucesos que parecen muy injustos. Por eso, aunque la mayor parte del
tiempo, cuando enfrentas problemas no puedes controlar las circunstancias, lo
que si puedes controlar es tu reacción ante ellas.
Existe una anécdota
de un sujeto que piloteaba una avioneta en compañía de su hija. En pleno vuelo
el motor del avión paró. El padre miró a su hija y tranquilamente le dijo: “Mi
amor, el motor se apagó. Tendré que volar el avión de manera distinta”. Él no
se alteró, ni se desesperó, tampoco se frustró.
Él vio que las
circunstancias habían cambiado y ajustó su plan de vuelo a las condiciones que
tenía en ese momento. Así, justamente, tú necesitas estar preparado para cuando
en tu vida el motor del avión te falle, puedas decir “el motor se apagó, voy a
tener que volar el avión de otra manera”.
El problema se complica cuando decides
buscar un culpable. Tenemos un afán en encontrar a quien culpar. La culpa no puede
ser nuestra. Pero cuando te concentras en buscar culpables pierdes tiempo muy
valioso que podrías usar solucionando el problema. No digo que fue culpa de la
señora molesta que el camión se averiara, me refiero a la serie de quejas que
desencadenó. Se enfocó en buscar culpable para todas sus desdichas, en vez de utilizar
esa energía para encontrar una solución favorable.
Al estar
siempre en la búsqueda de culpables, promueves aprensión en las personas de tu
alrededor y obstruyes tu camino de posibles soluciones.
En vez de buscar
culpables pregúntate ¿Qué puedo hacer para resolver el problema?
El problema es
que somos buenísimos para ver cuánto alguien más necesita mejorar, pero pésimos
para ver cuánto yo necesito mejorar.
Puedes pasar
toda la vida buscando cambiar a otras personas y no hacer nada por cambiarte a
ti mismo. Aunque en ocasiones no puedes controlar lo que pasa a tu alrededor,
siempre puedes controlar como piensas y como actúas.
¡No busques culpables,
busca soluciones!


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